Las herramientas del actor aplicadas a la empresa (I)

El Teatro es una de las actividades más antiguas y humanas de la historia. Los griegos utilizaban las máscaras de la misma manera que nosotros hacemos uso de ellas para movernos en los diferentes ámbitos de nuestra vida, como estrategia. Recojo aquí la primera parte de un análisis sobre qué pueden aportar las herramientas del trabajo del actoral (la técnica actoral) a la gestión empresarial y al día a día de la empresa.

La luz que puede aportar el teatro en el descubrimiento y potenciación de nuestros roles es muy poderosa y una herramienta muy eficaz para trabajar sobre el potencial, la comunicación, la empatía, la efectividad, la creatividad, la responsabilidad y el trabajo en equipo.

Al contrario de lo que se suele pensar, el trabajo del actor se basa en huir de la mentira. El actor busca su autenticidad, su verdad para poder transmitir y resultar creíble. Desde este punto de vista, la técnica actoral acerca a cada persona y a cada profesional a su auténtico yo, sin aparcar, por ejemplo, el mundo emocional, incorporándolo y conociéndolo para que no le domine. Esto le permite hacerse más completo, a la vez que se convierte en motor de su complejidad y riqueza.

El trabajo técnico del actor ayuda a los ejecutivos a deshacerse de las muchas capas que interfieren para cumplir sus objetivos de forma fluida y armónica. Así, es importante sentirse cómodo para comunicar, en sintonía, desde ti mismo. El público reconoce la sinceridad y agradece la honestidad. Estar convencido, creer en ello y meterse en el papel hace llegar el mensaje de forma más creíble y, sobre todo, convence.

Imagen3El actor trabaja desde la verdad y con la conciencia de que su instrumento es él mismo.

La técnica actoral hace posible que cada persona ‘vea’ su propio personaje, carácter o ego (guión aprendido, introyectos, creencias). Al asumir otros personajes, a través del juego que sirve como una excusa para no arriesgar la posible caída de su imagen, el ejecutivo permite una mayor libertad expresiva, explorar personajes temidos, que al experimentarlos ya no ve tan lejanos, ya no son tan temidos, negados o juzgados. Por tanto, ayuda a integrar esas partes menos visibles o aceptadas.

Desde este punto de vista, es necesario tener en cuenta que en el primer periodo de la infancia y hasta que se forja nuestro carácter estamos completamente en contacto con nuestros deseos y necesidades. En esa fase, nuestra capacidad expresiva y creativa está intacta y todavía no estamos contaminados por factores externos, ambientales, familiares o sociales. Somos una hoja en blanco hasta que empezamos a tragar sin digerir esos factores externos. Ocurre entonces que interpretamos esos factores externos como un ataque y desarrollamos, en consecuencia, esa defensa que es el carácter.

El carácter se construye como estrategia para sobrevivir en el mundo. Dependiendo de nuestra visión desarrollamos un tipo u otro de carácter. En ese momento estamos eligiendo un solo personaje, ese personaje aprendido en la infancia que fue necesario para nuestra supervivencia y, en vez de escucharnos y confiar para poder ser un actor con muchos registros, capaz de reconocer y entender a los demás actores e historias de vida, nos encasillamos en uno solo, con una sola visión, forma de actuar, de sentir y de pensar. Dentro de nosotros están todos y cada uno de esos personajes y la pérdida del miedo a dejar que vean la luz, significa que reconocemos e integramos todos ellos en nosotros.

1425788_412555295539490_426682522_nReconocido esto, no actuamos en contra de nuestro carácter, él nos ha traído hasta aquí, gracias a él hemos sobrevivido, ha sido una herramienta útil. Sin embargo, en el momento que somos capaces de verlo, podemos empezar a trabajar para recuperar lo que es nuestro, el resto de posibilidades que hemos dejado atrás. Ahora sí, por fin, podemos apropiarnos de todo nuestro universo, porque cada uno de nosotros somos únicos y contenemos todo.

El actor, para entrenarse, recurre al niño, se deja poseer por la imaginación sin miedo, se entrega a ese mundo de fantasía sin límites para ser altamente creativo y resolutivo. Todos poseemos esa capacidad, pero hay que entrenarla porque está dormida, silenciada.

Cuando somos capaces de expresarnos con esa libertad hay algo que se afloja en nosotros, se destensa y fluyen otras capacidades. A esa concentración tan necesaria para el actor y que tan bien manejan los niños la llamamos «atención privilegiada». Si somos capaces de alcanzar estos niveles de atención seremos mucho más productivos en el trabajo e invertiremos muchos menos esfuerzos. Los bloqueos no existen. Sólo son estrategias del carácter o ego para boicotearnos y seguir teniendo el monopolio.

Se habla de que un actor debe defender siempre a su personaje. El ejercicio que el actor hace es ponerse en la piel de ese personaje para pensar como él y así encontrar explicación a su proceder. Si en la vida consiguiéramos hacer este ejercicio sin dificultad a la hora de relacionarnos, entender qué nos está pasando a nosotros y al otro, en este caso seríamos capaces de gestionar nuestros conflictos de una manera más sana. Pensar diferente nos ayuda a salir de ese personaje sesgado y limitante. Estamos muy apegados a una idea errónea de nosotros, el autococepto, según el cual pretendemos ingenuamente eliminar lo que no nos gusta de nosotros.

Esta idealización nos lleva al fracaso, ya que solo cuando conseguimos ver y aceptar nuestros polos opuestos somos capaces de no autoexigirnos, desaprobarnos y expresarnos de forma genuina, sin empobrecimientos o falseamientos autoimpuestos. Explorar los polos opuestos o polaridades de mi personaje me ayuda a ampliar mi visión y a abrazar mi diversidad interna. Lo que escondemos y queremos destruir nos maneja a nosotros. Nuestro agresivo es más peligroso si no somos capaces de reconocerlo. En una buena interpretación, el actor no puede juzgar al asesino, tendrá que sintonizar con ese deseo de matar que sentimos todos alguna vez. “El teatro es una mentira que tarde o temprano hará emerger una verdad”, dice Juan Carlos Corazza.

El actor se entrena para utilizar su intelecto, sus emociones y su instinto, lo que pienso, lo que siento, quiero o deseo y lo que hago. Éste es su instrumento, con el que podrá contar siempre. A través del entrenamiento del instrumento, podrá adquirir las herramientas necesarias para realizar su trabajo.

Sofía Valero

Socia Directora de Acting&Coach

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