Si niegas la emoción, ésta no desaparece, seguirá dentro de ti

¿Te has preguntado alguna vez cuál es tu emoción más temida?

Estamos muy acostumbrados a que sea nuestra parte racional la que impere sobre el resto de motores que componen nuestro ser. Nos dejamos gobernar por lo que pensamos, sin cuestionarnos que a veces la mente es tramposa y susceptible de enredarse en ideas, creencias, juicios… No solemos valorar toda la información que nos ofrece para nuestro crecimiento y plenitud nuestro mundo emocional. La integración de lo mental, lo emocional y lo corporal nos haría más completos.

Hemos aprendido a ocultar, negar y no validar las emociones bajo mandatos como «no estés triste» o «no tengas miedo». Debemos partir de la premisa de que ninguna emoción es buena o mala, simplemente es. Aceptemos que todas las emociones, gestionadas con sus niveles de intensidad y duración en el tiempo, son necesarias y sirven para dar salida a través de su expresión a movimientos internos en un acto de liberación.

EMOCIONES NEGADASComo bien es sabido, no todas las emociones gozan de buena reputación. El miedo no está muy aceptado socialmente en el género masculino, o la rabia en el femenino, por ejemplo.

Cuando negamos una emoción, ocurre que la emoción sigue estando ahí dentro, todo lo no expresado se nos enquista y acumula, se queda atrapado en algún lugar de nuestro cuerpo. Al no encontrar salida, provoca un daño, o a veces, busca otras salidas como la expresión de otra emoción, que no corresponde pero que la sustituye. Así, si no me permito la rabia, probablemente acabaré sintiendo tristeza sin comprender muy bien qué me pasa.
Entender la rabia como violencia es tener una visión sesgada de esta emoción temida. La rabia nos conecta con una energía muy movilizadora, nos pone en marcha con determinación. Todos necesitamos nuestra dosis de rabia para enfrentarnos a un casting o a una reunión decisiva. Cuanto más conscientes seamos de nuestra rabia, más hábilmente podremos ponerla a nuestro servicio sin temerla o negarla. La expresión de la alegría, que goza de tan buena fama, en ocasiones puede estar ocultando una emoción menos deseada como la tristeza o el miedo, que a su vez, también cumplen su función necesaria. La tristeza nos ayuda a expresar el dolor y transitarlo, y el miedo nos protege poniéndonos en alerta ante algún posible peligro.
Por eso es tan importante el trabajo sobre la gestión emocional, para poder observar, identificar, permitir, expresar y gestionar, sin juicios y con consciencia, el fascinante universo de las emociones.

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